ahora estava aquí, en este pueblo sin ruidos. oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empredadas las calles. mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol de entardecer.
y que no se yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio, tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces.
de voces, si. y aquí, donde el aire era escaso, se oían mejor. se quedavan dentro de uno, pesadas.
juan rulfo
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